Moyobamba, San Martín, Perú


¿Por qué dejamos de publicar y empezamos a compartir?

POR RADIO LATINA

Hubo un tiempo en que publicar una foto, contar qué estábamos haciendo o escribir una pequeña reflexión parecía la forma más natural de estar presentes en internet. Las redes sociales eran, sobre todo, lugares para encontrarnos con amigos, familiares y conocidos.

Pero algo cambió. Cada vez más personas han dejado de llenar sus perfiles con publicaciones y prefieren enviar una foto por mensaje directo, compartir un video en un grupo pequeño o subir algo únicamente para una lista privada. Ya no parece tan importante que todos sepan qué hacemos; importa más que lo vea la gente que realmente nos importa.

Cuando las redes dejaron de sentirse personales

Las primeras redes sociales tenían algo de diario colectivo. Entrábamos para saber qué habían hecho nuestros amigos, comentar una fotografía o enterarnos de alguna novedad. Con el tiempo, esos espacios comenzaron a llenarse de publicidad, contenido recomendado, influencers y publicaciones diseñadas para captar nuestra atención.

En medio de ese ruido, lo cotidiano perdió protagonismo. Una fotografía sencilla de una tarde cualquiera puede sentirse fuera de lugar cuando el resto del muro parece competir constantemente por conseguir más reproducciones, comentarios o reacciones.

Por eso, para muchas personas, publicar dejó de sentirse como conversar y empezó a parecerse más a exponerse.

El cansancio de estar siempre bajo la mirada de los demás

También existe una razón más íntima. Publicar algo significa aceptar que puede ser interpretado por muchas personas, incluso por aquellas con las que apenas tenemos contacto.

Una opinión puede generar discusiones. Una fotografía puede ser juzgada. Una publicación puede permanecer durante años y volver a aparecer en un contexto completamente distinto. Incluso cuando nadie dice nada, puede existir la sensación de estar siendo observado.

Así, compartir en privado ofrece algo que las publicaciones públicas ya no siempre proporcionan, el control sobre quién entra en nuestra pequeña conversación.

Del muro al chat

La transformación también habla de cómo entendemos actualmente la amistad digital. En lugar de publicar una canción para que todos la vean, quizá se la enviamos directamente a esa persona que sabemos que la entenderá. En lugar de subir una fotografía de una reunión, la compartimos en el grupo donde están quienes estuvieron allí.

El contenido puede ser exactamente el mismo, pero cambia algo fundamental el que ya no buscamos una audiencia, buscamos una persona.

Los mensajes directos, los grupos pequeños y las historias dirigidas a determinados contactos permiten recuperar una sensación de intimidad que las plataformas masivas fueron perdiendo.

Compartir sin convertirlo todo en una vitrina

Existe además una necesidad creciente de proteger nuestra vida cotidiana de la comparación permanente. Las redes pueden convertir fácilmente la vida de los demás en una sucesión de viajes, logros, relaciones perfectas y momentos cuidadosamente seleccionados.

Frente a eso, desaparecer un poco del escaparate puede resultar liberador. No porque hayamos dejado de tener cosas que contar, sino porque ya no sentimos que cada momento necesite convertirse en contenido.

Quizá por eso la ausencia de publicaciones no significa necesariamente desconexión. A veces significa todo lo contrario. Estamos hablando más, pero con menos gente. Compartimos más, pero en espacios pequeños. Y quizá una fotografía enviada a una persona específica tenga mucho más significado que cientos de personas viendo una publicación.

Al final, puede que no hayamos dejado de compartir nuestra vida. Simplemente estamos aprendiendo a elegir mejor con quién hacerlo.

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