Moyobamba, San Martín, Perú


Edward Scissorhands y la historia de un extraño que solo quería pertenecer

POR RADIO LATINA

Hay películas que se recuerdan por sus personajes, otras por su estética y algunas que consiguen ambas cosas. Edward Scissorhands, estrenada en 1990 bajo la dirección de Tim Burton, pertenece a esa última categoría. A más de tres décadas de su estreno, aquel joven vestido de cuero, con el cabello alborotado y tijeras en lugar de manos, continúa siendo uno de los personajes más reconocibles del cine fantástico.

A primera vista, Edward parece salido de una pesadilla. Vive en un castillo oscuro, está construido de manera incompleta y tiene unas manos que le impiden tocar a los demás sin riesgo de hacerles daño. Sin embargo, cuando llega al colorido y aparentemente perfecto vecindario donde vive la familia Boggs, descubrimos que el verdadero problema no son sus tijeras, sino la dificultad de una comunidad para aceptar a alguien diferente.

Edward es recibido con curiosidad. Sus habilidades para podar arbustos y cortar cabello rápidamente lo convierten en una sensación entre los vecinos. Lo que inicialmente parece aceptación, sin embargo, termina revelando algo mucho más incómodo. Mientras Edward resulta útil, extraño y fascinante, todos quieren tenerlo cerca. Cuando deja de cumplir con esas expectativas, la misma comunidad comienza a darle la espalda.

Uno de los detalles más curiosos de la película es que Edward comenzó mucho antes de que existiera un guion. Tim Burton había dibujado al personaje durante su adolescencia, como una representación de su propia sensación de aislamiento y dificultad para comunicarse con quienes lo rodeaban.

Años después, Burton le mostró aquel dibujo a la escritora Caroline Thompson. Según recordó Thompson, bastó escuchar que se trataba de un personaje con tijeras en lugar de manos para imaginar una historia. En pocas semanas desarrolló una versión en prosa que terminaría convirtiéndose en el guion de la película.

La historia también estuvo a punto de ser muy diferente. Burton llegó a imaginar Edward Scissorhands como un musical, aunque finalmente abandonó la idea para evitar que la película cayera en un tono demasiado caricaturesco.

Parte del encanto de Edward Scissorhands está en su particular universo visual. Las casas de colores pastel, los jardines perfectamente recortados y el castillo oscuro situado sobre la colina parecen pertenecer a mundos completamente distintos. Precisamente ahí está uno de los grandes aciertos de Burton.

La película fue rodada en un vecindario real de Florida que fue transformado para convertirse en aquella suburbia casi de cuento. Incluso buena parte de los elementos que hoy parecen creados digitalmente fueron realizados físicamente. El castillo, por ejemplo, era una maqueta que ayudaba a construir la ilusión de aquel paisaje gótico.

También el vestuario de Edward nació del dibujo original de Burton. La diseñadora Colleen Atwood utilizó cuero, correas y diferentes piezas para construir una apariencia que no solo definiera al personaje, sino que transmitiera visualmente que Edward era un ser ensamblado, incompleto y atrapado dentro de su propia apariencia.

Con el paso del tiempo, la película también ha generado nuevas interpretaciones. El escritor Cole Haddon propone una lectura más política y controversial, relacionando la manera en que la comunidad utiliza y posteriormente rechaza a Edward con dinámicas históricas de exotización y explotación racial. Haddon reconoce que esta no necesariamente fue la intención original de Burton y construye su argumento a partir de elementos del guion, el reparto y la película terminada.

Pero quizá esa posibilidad de encontrar nuevas lecturas sea precisamente una de las razones por las que Edward Scissorhands continúa vigente.

Debajo de las tijeras, el maquillaje y los colores pastel existe una historia bastante sencilla. Edward quiere ser aceptado. Quiere tocar, crear, amar y formar parte de un lugar. El problema es que el mundo que encuentra parece dispuesto a quererlo solo mientras pueda entenderlo.

Y tal vez por eso seguimos sintiendo algo por él tantos años después. Porque, en algún momento, casi todos hemos sido un poco Edward. Hemos llegado a un lugar sintiendo que no encajamos, hemos sido juzgados antes de ser comprendidos o hemos descubierto que ser diferente puede resultar atractivo para los demás hasta que deja de ser conveniente.

Tim Burton convirtió esa sensación en una historia de fantasía. Johnny Depp le dio un rostro inolvidable y Danny Elfman una música que parece hecha para acompañar una memoria triste. El resultado fue una película extraña, romántica y melancólica que terminó convirtiéndose en un clásico.

Porque, al final, Edward Scissorhands nunca fue realmente una película sobre un hombre con tijeras en las manos. Fue una película sobre alguien que solo quería encontrar un lugar donde pudiera sentirse en casa.

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