
Moyobamba, San Martín, Perú
POR ALICE RIOS
Durante los últimos años, las redes sociales dejaron de ser únicamente un lugar para compartir fotografías y videos. También se convirtieron en enormes escaparates donde se construyen identidades, se recuperan épocas y se decide, casi a diario, qué se considera atractivo.
Así nacieron estéticas como old money, clean girl, coquette o el renovado Y2K. Cada una propone una manera particular de vestir, maquillarse y presentarse ante el mundo. Algunas buscan transmitir elegancia y sencillez, mientras otras celebran justamente lo contrario.
Lo curioso es que muchas de estas tendencias parecen espontáneas, pero detrás existe una enorme maquinaria digital de inspiración, algoritmos y consumo.
Blazers estructurados, camisas blancas, mocasines, suéteres sobre los hombros y colores neutros. La estética old money intenta recrear la imagen de una elegancia tradicional asociada con familias de grandes recursos.
Su atractivo está precisamente en aparentar que nada está demasiado pensado. No se trata de grandes logotipos ni de prendas llamativas, sino de piezas que transmiten una sensación de calidad, sobriedad y permanencia.
Internet convirtió esta idea en una especie de uniforme visual. Fotografías de vacaciones, clubes de tenis, universidades tradicionales, hoteles clásicos y armarios en tonos beige terminaron formando parte del mismo imaginario.
La estética clean girl tomó otro camino, aunque comparte con el old money la búsqueda de una apariencia aparentemente sencilla.
El maquillaje es ligero, las cejas se mantienen ordenadas, el cabello suele aparecer recogido y pulido y la joyería es discreta. Todo transmite una sensación de frescura y cuidado.
Pero existe una pequeña paradoja. Conseguir una apariencia que parece no requerir esfuerzo puede implicar bastante esfuerzo. Productos para el cabello, skincare, maquillaje, manicura y accesorios forman parte de una imagen que, aunque minimalista, también responde a determinados patrones de consumo.
La sencillez, en internet, también puede convertirse en una estética cuidadosamente construida.
Si el clean girl apuesta por la sobriedad, la estética coquette abraza el lado más romántico y delicado de la moda.
Moños, encajes, tonos rosados y pasteles, prendas femeninas y referencias vintage construyen una imagen inspirada en una idea exagerada de la feminidad. Su popularidad demuestra que las tendencias digitales no necesariamente avanzan hacia una estética cada vez más minimalista.
También existe espacio para jugar con lo dulce, lo teatral y lo nostálgico.
Y cuando el minimalismo comenzó a dominar los tableros de inspiración, apareció su contraparte.
La estética Y2K recuperó elementos asociados con finales de los años noventa y principios de los 2000. Brillos, prendas ajustadas, accesorios llamativos, estampados, colores intensos y referencias a la cultura pop de aquella época volvieron a aparecer en redes sociales.
El maximalismo sigue una lógica similar. Frente a la obsesión por los tonos neutros y la apariencia impecable, propone combinar estampados, colores, texturas y accesorios sin miedo al exceso.
En cierto modo, también es una reacción. Cuando todo empieza a parecerse demasiado, llamar la atención vuelve a ser una forma de diferenciarse.
El fenómeno resulta interesante porque estas tendencias no venden únicamente ropa. Venden una identidad.
Vestirse old money puede transmitir sofisticación. Adoptar el estilo clean girl puede asociarse con orden y bienestar. La estética coquette puede representar romanticismo y feminidad, mientras que el Y2K permite recuperar una versión nostálgica y más divertida de la moda.
El problema aparece cuando la identidad comienza a depender demasiado de seguir el estilo correcto.
Las redes sociales pueden convertir una estética en una especie de manual visual. Cómo vestir, qué maquillaje utilizar, qué accesorios comprar e incluso qué lugares visitar para que nuestra vida parezca pertenecer a determinado universo.
Y aquello que parecía una forma de expresión termina, paradójicamente, creando uniformidad.
Quizá una de las características más interesantes de la moda actual sea precisamente su velocidad. Una estética puede dominar TikTok durante meses y luego ser reemplazada por otra completamente diferente.
Los armarios terminan siguiendo el ritmo de los algoritmos y las prendas pueden perder relevancia antes de haber tenido tiempo de convertirse realmente en parte de nuestro estilo.
Por eso, entre tantas estéticas, existe una posibilidad que ninguna tendencia puede imponer. Elegir.
Tomar elementos del old money, divertirse con el Y2K, incorporar algún detalle coquette o simplemente vestir sin pertenecer a ninguna categoría.
Porque la moda puede ayudarnos a contar quiénes somos, pero no debería obligarnos a convertirnos en una estética.

